¡Oh dioses, ella viene hasta aquí!
Fuimos cubiertos por una tristeza tempestuosa.
Pero ahora, no podemos ser más que una orilla,
cuna interminable de sueños.
Como un niño que cuenta sueños al viento, como un niño que cuenta con sus dedos el rumor del salto de agua del rio.



La oscuridad ocultaba las orillas del río.
Los árboles del bosque dormitaban sin viento.
La luna en las aguas mansas su sonrisa lucía.
En la soledad, las montañas del cielo surgían.
La noche vigilaba un amanecer incierto.
Esta tranquilidad conseguía divinos paisajes.
Aquel amor callado y turbio,
ante su recuerdo, el alma se inquieta.
Acerca una realidad que desengaña.
Oculta una desbordante ambición de amar en libertad.








